Epifanía del Señor

Domingo de Epifanía, fiesta de los Reyes Magos… Con el pensamiento y con el corazón me traslado a los tiempos en que fui niño: la ilusión por los regalos que SSMM nos traerían, el olor a chocolate con churros que mi madre nos preparaba para desayunar ese día… Luego ir a Misa toda la familia junta y estrenar esa prenda de ropa que SSMM nos habían dejado, la comida familar con vino y casera y un poco de sidra a los postres, y, por la tarde, la visita a casa de los tíos y tías por si los reyes nos habían dejado allí algún regalo…

Mientras hubo niños y niñas pequeños a mi alrededor, -hasta bien mayor-, nunca perdí la ilusión ni la alegría del día de Reyes. Y todo ello sólo como un pequeño signo de esa otra Alegría e Ilusión que es la del conocimiento del Nacimiento del Hijo de Dios en nuestra pobre carne mortal.

Jesús no nació para unos pocos privilegiados, ni sólo para su pueblo judío, sino para toda la humanidad. Fruto de esa universalidad es la fe que nos congrega cada mañana de domingo en la Eucaristía.

¡Cuánta luz ha arrojado este misterio sobre nuestra vida! ¡Cuántas tinieblas ha disipado! ¡Gracias, Señor, por el don de la fe en Ti!

Mantennos siempre en camino, como los Magos, buscando tu estrella, que no nos hagamos cómodos ni sabihondos… Que como ellos, te encontremos en brazos de María, en el Portal y en la Cruz… Y que también humildes, como ellos, doblemos nuestra rodilla ante Ti, confiemos y te adoremos…

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