Reflexión diaria

Reflexión diaria

VIERNES 20.05.2022
Viernes de la 5a semana de Pascua

Cuántas veces han prevalecido, en nuestras relaciones pastorales, las ideologías, los protagonismos (y narcisismos) personales, las envidias, etc. etc. Así que, luego, no nos extrañe que no hemos sido convincentes para casi nadie. Jesús hoy nos recuerda, una vez más, que el amor “de los unos a los otros como él mismo nos ha amado” ha de estar en la base de nuestras relaciones y acciones eclesiales. Y la primera lectura, con la carta y la comisión que se envía desde Jerusalén a Antioquía, nos da ejemplo de ello. Pidamos perdón por las veces que no ha sido ni es así, y pidamos también la gracia de enmendarnos…

JUEVES 19.05.2022
Jueves de la 5a semana de Pascua

Señor, tú hoy me pides y me regalas «permanecer en tu amor». Tú palabra creadora me abre el camino, pero yo no puedo quedarme de brazos cruzados. El cumplir los mandamientos es mi pequeña (aunque, a veces, difícil) contribución a esta alianza de amor. Y, como regalo añadido, me ofreces tú alegría, no la alegría efímera de los pequeños placeres o satisfacciones del mundo, sino tu gran Alegría, la que es comunión con Dios, presencia del Espíritu, plenitud del Amor… El “concilio de Jerusalén” se resuelve con el testimonio de los apóstoles y el buen juicio de Santiago. Señor, da hoy a tu Iglesia, para el mundo, testigos de tu Alegría y buen juicio a sus pastores.

MIÉRCOLES 18.05.2022
Miércoles de la 5a semana de Pascua

¡Qué pronto le empezamos a poner límites al amor incondicional de Dios! Que si la circuncisión, que si la carne sacrificada o no a los ídolos, que si… y nosotros, seguramente, podíamos seguir añadiendo hoy límites a esta lista. Y es que, como una sombra del pecado original, es decir de nuestro orgullo y autosuficiencia, preferimos pensar (y actuar) como si el amor de Dios dependiese de nosotros y no de su infinita misericordia. Y así nos olvidamos que, lo que nos une a la vid, que es Cristo, no son nuestros méritos (siempre pobres, cuando no, engañosos), sino su gracia y amor infinitos, que acogemos en la fe… Evidentemente, no una fe de catecismo, que se queda en la exterioridad de una doctrina y unos ritos, sino una fe que penetra hasta el fondo del corazón y que hace de nuestra vida respuesta agradecida al Padre, en el Hijo, por el Espíritu Santo.

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